El Palacio se había convertido en una especie de sala de espera en la cual había varias mecedoras distribuidas en pareja o de forma individual. Cada una tenía atado un libro que la artista, Dominique González-Foerster había leído durante la maquinación de esta obra.
Justo en el centro del Palacio se encontraba una habitación con paredes de cristal que parecía congelar en su interior momentos del pasado, fantasmas del Splendide-Hotel:
Este ejercicio escenográfico realizado por Dominique González Foerster recrea tomando como punto de partida el año 1887 (año de la construcción del Palacio de Cristal) una estancia del hotel ideal de la época el cual es prácticamente un hotel mítico utilizado y hablado en obras literarias, musicales, abstractas...
Este arquetipo de hotel se expandió por toda Europa e incluso Rimbaud llegó a mencionar en sus obras estancias de estas características.
La artista se expresa a través de la escenificación, a veces monumental y siempre interactuando con el público, lo cual sitúa su obra en el límite de la definición de obra de arte.
Bajo mi punto de vista resultó ser una escena/obra interesante. Te hacía vivir dentro de un anacronismo constante viendo desde el interior del siglo XIX el exterior del s.XXI a través de las paredes de cristal. Era un pasado congelado como una bola de cristal, dos fronteras temporales.




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